Antes
de epifanía
lunes(Id=51)
Un día sagrado ha amanecido para nosotros, vengan, pueblos, y
adoren al Señor, porque una gran luz ha descendido sobre
Dies
Oremos:
Concede, Señor, a tu pueblo creer y proclamar con fe inquebrantable que Cristo,
verdadero Dios como tú, se hizo verdadero hombre como nosotros en el seno de
Por nuestro Señor Jesucristo...
Amén.
[Misa]
lecturas antes epif [2/1][3/1][4/1][5/1][6/1][7/1]
Que permanezca en ustedes lo que han oído desde el principio
Lectura de la primera carta del apóstol san Juan
2, 22-28
Hijos míos: ¿Quién es el mentiroso, sino el que niega que
Jesús es el Mesías? Ese es el anticristo, el que niega al Padre y al Hijo. Todo
el que niega al Hijo, tampoco posee al Padre; y todo el que reconoce
al Hijo, posee también al Padre. Ustedes deben permanecer fieles a lo que
oyeron desde el principio. Si son fieles a lo que oyeron desde el principio,
también ustedes permanecerán en el Hijo y en el Padre; y ésta es la promesa que
él nos ha hecho: la vida eterna.
Les he escrito estas cosas para ponerlos en guardia contra los que intentan
seducirlos. En cuanto a ustedes, el Espíritu que recibieron de él permanece en
ustedes y no tienen necesidad de que nadie les enseñe; antes bien, ese
Espíritu, que es fuente de verdad y no de mentira, les enseña todas las cosas.
Así pues, permanezcan en él, conforme a lo que les enseñó.
Sí, hijos míos, permanezcan en él, para que, cuando se manifieste, tengamos
plena confianza y no nos quedemos avergonzados lejos de él el día de su
gloriosa venida.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Sal 97, 1.2-3ab.3cd-4
Cantemos la grandeza del Señor.
Vidérunt omnes términi
terrae salutáre Dei nostri.
Canten al Señor un canto nuevo, porque ha hecho maravillas; su
mano le ha dado la victoria, su santo brazo.
Cantemos la grandeza del Señor.
Vidérunt omnes términi
terrae salutáre Dei nostri.
El Señor hace pública su victoria, a la vista de las
naciones muestra su salvación, ha recordado su amor y su fidelidad en favor de
Israel.
Cantemos la grandeza del Señor.
Vidérunt omnes términi
terrae salutáre Dei nostri.
Toda la tierra ha visto la victoria de nuestro Dios:
estallen de gozo, griten de alegría, canten.
Cantemos la grandeza del Señor.
Vidérunt omnes términi
terrae salutáre Dei nostri.
Aclamación antes del Evangelio
Aleluya, aleluya.
En distintas ocasiones y de muchas maneras habló Dios en el pasado a nuestros
antepasados por boca de los profetas. Ahora, en estos tiempos, nos ha hablado
por medio de su Hijo.
Multifáriae olim Deus
loquens pátentibus pátribus in prophétis, novíssime diébus istis locútus est
nobis in Fílio.
Aleluya.
Viene después de mí alguien que existía antes que yo
† Lectura del santo Evangelio según san Juan
1, 19-28
Gloria a ti, Señor.
Este es el testimonio que dio Juan el Bautista, cuando los
judíos de Jerusalén enviaron una comisión de sacerdotes y levitas para
preguntar a Juan quién era. El confesó rotundamente:
"Yo no soy el Mesías".
Ellos le preguntaron:
"Entonces, ¿eres tú Elías?"
Juan respondió:
"No soy Elías".
Volvieron a preguntarle:
"¿Eres el Profeta que esperamos?"
El respondió:
"No".
De nuevo insistieron:
"Entonces dinos quién eres. Tenemos que dar una respuesta a los que nos
enviaron. ¿Qué dices de ti mismo?"
Juan, aplicándose las palabras del profeta Isaías, contestó:
"Yo soy la voz que grita en el desierto: enderecen el camino del
Señor".
Algunos de la comisión eran fariseos. Estos le preguntaron:
"Si no eres el Mesías, ni Elías, ni el Profeta esperado, ¿por qué
bautizas?"
Juan afirmó:
"Yo bautizo con agua, pero en medio de ustedes hay uno a quien no conocen.
El viene detrás de mí, aunque yo no soy digno de desatar las correas de sus
sandalias".
Esto sucedió en Betania, al otro lado del Jordán,
donde Juan estaba bautizando.
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Acepta,
Señor las ofrendas que te presentamos para esta Eucaristía en la que se realiza
un glorioso intercambio a fin de que, al ofrecerte tus propios dones, podamos
recibirte a ti mismo.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
El intercambio realizado en la Encarnación del Verbo
En
verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre
y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno, por Cristo,
Señor nuestro. Por él, hoy resplandece ante el Mundo el maravilloso intercambio
que nos salva: pues al revestirse tu Hijo de nuestra frágil condición no sólo
confiere dignidad eterna a la naturaleza humana, sino que por esta unión
admirable nos hace a nosotros eternos.
Por eso,
unidos a los coros angélicos, te aclamarnos llenos de alegría:
[Misa]
Hemos contemplado su gloria, gloria que le corresponde como
a Unigénito del Padre lleno de gracia y de verdad.
Vídimus glóriam eius,
glóriam quasi Unigéniti a Patre plenum grátiae et veritátis.
Oración después de la Comunión
Oremos:
Concédenos, Dios todopoderoso, que la gracia de estos sacramentos fortalezca
cada día más nuestra vida cristiana.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén
.